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14 de octubre, 2003

La Paz fue un campo de batalla

(Bolivia.com)

Miles de manifestantes marcharon desde distintos puntos de la ciudad y se reunieron en la plaza de San Francisco, donde enfrentaron sin temor a la Policía y las Fuerzas Armadas por más de cinco horas consecutivas.

“¡Circulen carajo!”, era el grito de más de 10 policías que, a las 9.15 de ayer, tomaron la plaza de Los Héroes. Sin pensar en su suerte y algo envalentonado, Edgar Quispe se acercó al grupo de uniformados y quiso atravesar el cerco policial de la plaza.

Pero tuvo que retroceder tras un tiro en el muslo que fue disparado por un efectivo del GES. Los uniformados dijeron luego que el tiro se disparó por accidente y que el muchacho sería trasladado de emergencia al Hospital Juan XIII, debido a que en el de Clínicas no había espacio.

Así empezó una jornada violenta, esta vez en la ciudad de La Paz, adonde confluyeron marchas de varios sectores y de gran parte de las juntas vecinales de La Paz y El Alto, que se unieron en la zona de San Francisco, para pedir la renuncia del Presidente de la República.

La mañana fue más violenta que el resto del día. La turba enardecida no tenía el más mínimo temor de ponerse frente a los policías y militares, a los que hizo retroceder en varias oportunidades. En la Pérez Velasco, más de 3.000 personas no vacilaron en enfrentarse a los verde olivo, inaugurando así la jornada violenta. A las 9.45, la Policía empezó a disparar gases hacia los marchistas, y a partir de ese momento, el enfrentamiento no se detuvo —aunque tuvo algunas pausas— hasta las 4 de la tarde.

Cerca de las 10 de la mañana, la gente comenzó a decir quería tomar el Palacio de Gobierno e hizo varios intentos a lo largo del día. La plaza Murillo estuvo resguardada siempre por dos cordones de seguridad. El externo lo formaban los policías y el interno militares. La mayor parte del tiempo, los policías invocaban a los marchistas a que no traten de llegar a Palacio porque “allá los esperan con bala”.

Incluso había miembros de inteligencia de la Policía y las Fuerzas Armadas en los techos de varias edificaciones del centro de la ciudad, aunque este medio no pudo verificar si es que ellos sólo vigilaban o disparaban.

Más allá, los enfrentamientos duraron cerca de cinco horas en las que los policías agotaron su dotación de gas lacrimógeno y tuvieron que acudir al uso de balines para dispersar a la población. Una de las víctimas fue Elia Pórcel que recibio tres impactos, dos en el brazo derecho y otro detrás de la oreja. “Yo no soy dirigente de nada, no soy política pero, recibí disparos porque los policías son unos abusivos que me dispararon por protestar en contra del gas”, dijo la mujer de unos 30 años de edad.

A las 12.35 el helicóptero LAMA de la Fuerza Aérea sobrevoló el centro de la ciudad y pasó varias veces por sobre los marchistas, asustados por el rumor que había corrido de que esta nave disparó contra los pobladores de El Alto. Pero el helicóptero sólo sobrevoló varias veces para observar, a las más de 20 mil personas que marcharon una y otra vez por la plaza San Francisco y sus alrededores.

Hasta las 20.00 de ayer, miles de personas continuaron reunidas en las plazas de Los Héroes y San Francisco. Allí prendieron fogatas para dispersar los gases que la Policía seguía lanzando para evitar saqueos en el centro, aunque no pudo evitarlos.

La Policía reprimió y habló a la vez con los marchistas

Acción • Primero reprimieron con dureza y luego sólo orientaron las caminatas de protesta.
Los efectivos de la Policía iniciaron ayer la jornada reprimiendo a los manifestantes que se aproximaban a la plaza San Francisco, pero terminaron el día encaminando las marchas y con un acuerdo, por ejemplo en Tránsito, para evitar que los marchistas tomen esas instalaciones.

Para empezar, en la mañana de ayer, el coronel Peláez, comandante de la zona Sur, logró un acuerdo con los campesinos de Ovejuyo, para que no agredan más casas, después que se intentó un asalto a la residencia de Jaime Paz Zamora. Peláez acompañó luego la marcha de los manifestantes, casi marchando con ellos, para evitar desmanes.

Por la tarde, en el centro de la ciudad y después de varias horas de represión, miles de personas se aprestaban a tomar las instalaciones del batallón de Tránsito.

Pero los efectivos de esa unidad, que pocos minutos antes disparaban gases por todos lados, salieron pronto y dialogaron con la gente que marchaba, les dijeron que no era intención de la Policía provocar más enfrentamientos y que si los que protestaban pasaban de largo, ellos se quedarían dentro del batallón.
ése fue el acuerdo que duró varias horas, aunque después volvió la represión.

Además, cerca de la plaza Murillo, los policías que estaban en el cordón externo de seguridad convencieron varias veces a los marchistas de que no entren a ese lugar y tomen otras calles, porque los militares los esperarían “con bala





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